jueves, 6 de febrero de 2014

Relato: LA PUERTA DE EMERGENCIA de Fátima Ricón Silva

                               

                    LA PUERTA DE EMERGENCIA

       Un espléndido sol decora la tarde, sin embargo, su brillo exultante no se corresponde con la tibia calidez con la que debiera acariciar los rostros errantes. Una manta de frío viento del norte mengua el poder abrasador del astro rey.

Estoy sentada frente al antiguo edificio de la biblioteca municipal, un vetusto inmueble de ocho pisos de los años setenta con amplios ventanales. Me hechizan sus ventanas, sobre todo las que se ubican en el último piso que han despertado una fascinación especial en mí. Sus reflejos verdes metálicos me han atrapado y no puedo apartar la mirada.

El contacto de mi cuerpo, cubierto tan sólo por una fina gabardina, con la superficie helada del banco despierta el vello alojado tras mi nuca que se eriza como la cola de un urogallo altanero. Me atuso el cuello de la prenda abrigando mi desamparo. Estoy desnuda bajo mi viejo gabán beige. Sí, desnuda.
Entre mis manos retoza un sobrecito de azúcar que encontré en el fondo de uno de los bolsillos de la prenda que envuelve mis temores y mis deseos. Lo hago rotar entre mis dedos, nerviosa, una y otra vez y, con frecuencia, por enésima vez leo y releo la breve mención que está escrita en su reverso: “La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla”.
El café al que endulzaba esta mentira lo degusté hace mucho tiempo. Cuando leí esta cita  ratifiqué mi gran dilema, puesto que yo siempre quise comprender la vida, entender qué hacía yo aquí, averiguar porqué detestaba el hecho de haberme obligado a nacer, indagar la razón por la cual desde que me engendraron mi único objetivo, como el del resto de los mortales, es dejar fluir el tiempo hasta que lleguemos a la parada donde la muerte nos está aguardando. No deseaba vivir sin comprender, tampoco quería comprender para vivir, quería comprende mi sin vivir.

Nací con mala hostia. Me crié huraña y solitaria. Actualmente con veintiocho años y a punto de finiquitar mis estudios de medicina, discerní que tenía que clausurar mi historia.
Siempre había cerrado las puertas que atravesaba, temía que al dejarlas abiertas una cadena de recuerdos, experiencias y comportamientos cosidos con los hilos de la existencia me zurcieran las ganas de comprender. Me sobraban los lastres, perpetuamente anduve ligera de contenidos e hice lo que me dijeron que tenía que hacer. Había mostrado al enjambre que pululaba en torno a mi persona que si quería podía simular que vivía. Estudiaba, hacía deporte y leía, fingía que me interesaba por los derroteros que acontecían en el mundo y sus pobladores, cumplía los cánones impuestos por la sociedad y la familia. Se me pegaron al pellejo, como un engrudo, las normas a respetar.
Mis relaciones sociales eran tan precarias y escuetas como indeseables por mi parte.
Todos los que decían quererme se acomodaron a mi carácter singular y a mi rígida forma de ser.
Ayer por la tarde me examiné del último examen de la carrera, con unos rendimientos universitarios soberbios, como es habitual. Los óptimos resultados académicos que esperaba obtener eran un legado para mis padres: alumna cum laude en Ginecología y Obstreticia. Paradójicamente frente a mi desidia ante la vida estudié la carrera de las bienvenidas a los nuevos seres, de la apertura de futuros. Un capricho de mi mente retorcida y desahuciada.

Y aquí sigo, con el trasero helado y manoseando el sobrecito de azúcar. Mirando la fachada de la biblioteca.
Me decido por la ventana central del último piso, es las más amplia, de doble hoja cuarteada por media docena de vidrios cada una. Parece una cómoda y fiable puerta de emergencia.
Ahora me asaetean dudas, pero dudas superfluas y descabelladas. ¿Por qué no me he puesto ropa interior? Quizá este gesto excéntrico sea una extravagancia. Pero necesito esa desnudez que me reconduce al origen, al principio de todo, al día de mi nacimiento.
Reparto las fuerzas por mis extremidades, y estrujando el cinturón del gabán lo ciño hasta lo impensable en mi menuda cintura, incorporándome y dirigiéndome a la puerta de entrada de la biblioteca.
No tomo el ascensor, subo andando hasta el último piso. Quiero dilatar el momento, saborear los preliminares de la ceremonia para recobrar mi voluntad. Llegada a la última planta observo tres puertas abiertas que conducen a tres salas de lectura, penetro por la central y precisamente enfrente descubro el ventanal que pretendo.
No hay nadie. Es muy temprano. Estaba premeditado, había comprobado en numerosas ocasiones que a primera hora de la mañana se indigestan los autores clásicos, los cuales forraban las paredes de aquella estancia aposentados en docenas de anaqueles deformados por el peso.
Atravesé el espacio que distaba hasta la ventana y miré a través de ella. Un exiguo conjunto de  personas caminaba por la acera, sin rumbo, con prisas, consumiendo el tiempo para llegar al final.
Desanudé el cinto de mi gabardina y ésta se deslizó hasta mis pies, acariciando mi despecho y el ansia de llegar a la meta, mi meta.
Abrí la ventana. El pasador estaba herrumbroso y se encasquilló. Forcé el travesaño y con un sonido desafinado y un aroma ferroso logré desaprisionarlo de la atrofia que lo paralizaba. Descubrí ante mis ojos el paisaje de la excarcelación, el camino para la huida. Exploré escrutadora mi puerta de emergencia vital.
Me encaramé al alfeizar y temblando de emoción me lancé al vacío.

El regalo de la vida que nunca quise aceptar lo restituía. Desnuda como vine, partía. ¿Egoísmo? ¿Cobardía? No. No simpatizaba con la obligación de vivir sin querer vivir. Nunca padecí ningún tipo de trastorno psíquico. ¿Acaso no es una forma honorable de evadirme de esta situación dolorosa y lacerante? Es un procedimiento limpio de alejarme de una vida que ni sé, ni quiero saber manejar. No buscaba dejar de sufrir puesto que no sufría y provoqué mi propia muerte para llegar antes. Como salida de emergencia.
Me fui porque quería irme. Sin más. Sin existencias depresivas ni tendencias suicidas.
No lo hice antes porque cuándo era niña pensaba que después de estar muerta iba a despertar y seguir viviendo, que era como echarse una siesta. Esperé. Aguardé hasta que arribé a una encrucijada de caminos e ignoraba cual tomar.

Un golpe sordo me fracturó el pensamiento. Mi cuerpo desmadejado se quedó cubriendo el empedrado del pavimento. Las personas se arremolinaron a mi alrededor. Escuchaba retazos de conversaciones, pasos,  prisas, primeros auxilios, nervios, llamadas...... , atormentada intenté decirles que no se ocupasen ni se preocupasen por mí. Que cesaran en sus intentos por hacerme sobrevivir. Mas no podía hablar.
Esgrimí una sonrisa de triunfo. Presentía que sucumbía.
Dejé de escuchar. Me olvidé de mirar. Completé mi último suspiro, transparente cual una despedida sedosa, regocijándome en la propia maestría por acabar. Dejé mi sentir adormilado en una penumbra exquisita que me envolvía y me sedaba.
Como una luciérnaga hembra me iluminaba para atraer la muerte para que copulara con mi espíritu y me arrastrase a su lecho.
Se acabó esta calamidad tóxica que jamás codicié.

Encaminada.

Una fosforescencia cegadora me llegó desde un letargo apático. Estaba muerta. Por fin.
Escuché voces y entre abrí los párpados levemente. Una lámpara blanquecina me sacudió el ánimo. Una lágrima seca, de derrota, me abrasó el aliento que todavía me quedaba.

Fracasé.

Ahora deberé aceptar la sentencia y continuar la senda penosa de la vida y elegir alguno de los caminos.

La puerta de emergencia no tenía salida. Tampoco tenía entrada era tan sólo una abertura cerrada, un paso ciego, una ratonera como la vida misma.








jueves, 30 de enero de 2014

TROTAMUNDOS por Fátima Ricón Silva

                                                                 

TROTAMUNDOS



Gato blanco que me rasguñas con tus suspiros esmeraldas,
fiera descarada llena de magia,
cuando me meces entre tus zarpas mullidas,
cubiertas con plumas de besos y caricias.

Alimaña implacable que recoges mi cabello
en lo alto de la nuca,
haciendo tirabuzones con tu lengua
audaz y temeraria.

Dulce animal  desconcertante,
que no cesas de hacer caricaturas en el aire,
recreando breves gemidos de placer y donaire.

Rata traviesa que husmea mi sexo
con la mirada aviesa y plena de deseo.

Lánguidos paseos por la largura de mi cuerpo,
ausente, dormido, sin despertar los sentidos.

Codicias mi gusto, mi tacto, mi vista, mi oído, mi aroma envilecido
por la falta de respuesta ante tu solicitud cortesana.

Lego amante desconocido, buscador aventurero,
acaparador de mi deseo.
Desvélate para encontrarme,
por otros caminos. Por otras direcciones.
                                                                Por otros destinos.

                                                          © Fátima Ricón Silva.

sábado, 25 de enero de 2014

CARICIAS de Fátima Ricón Silva

















 CARICIAS 



El aire me pretende,
me escribe cartas de amor con letra titubeante e ingenua
que deja plasmadas en los contaminados cristales de mi ventana.

El viento se ha enamorado de mí,
me busca desesperado entre los cantos y guijarros de los caminos,
susurrando palabras de amor trasnochadas.

La brisa descarada me busca,
penetrando entre los resquicios de mi pellejo,
sobre cogiéndome con su atrevimiento.

La ventisca sopla gemidos de soledad,
escalando las laderas de mi cuerpo resbaladizo,
sollozando porque le impido traspasarme.

Una corriente impertinente acaricia las caras de mi corazón,
ignorante, profana, ajena, desconcertada
no cesa en su empeño.

Un vendaval me ha conquistado, galante,
estoy henchida de tanto amor,
cautivada por su poder de seducción.

Me abandono a ese ciclón cálido que hoy me abraza,
cubriéndome y sonrío sarcástica
pensando en el pasado, cuando tenía frío.




                                                            © Fátima Ricón Silva.

viernes, 17 de enero de 2014

DUELE por Fátima Ricón SIlva

DUELE

Duele tu aliento cuando escupes y hieres,
 duelen las flores cuando se regalan con espinas,
duele tu desidia cuando es ruin,
dueles tú cuando te posee la insensibilidad.

Me duele que  aplaudas mis gracias estúpidas,
 me duele el pensamiento que no lleva a ninguna parte,
me duele despiadada que no te duela cuando siento dolor,
me duele mi casa cuando no encuentro paz.

Te duele que te acompañe porque camino silenciosa,
te duele cuando mi mutismo te grita,
te duele no saber reaccionar cuando te juzga mi mirada,
te duele el error miserable e imperturbable.

Hieres con tu insensibilidad que parte
despiadada mi paz porque te juzga imperturbable.

© Fátima Ricón Silva.







domingo, 15 de diciembre de 2013

FOTOS DE LA PRESENTACIÓN DE HILOS DE MARIONETA

OS MUESTRO UNA PEQUEÑA RESEÑA DE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA HILOS DE MARIONETA EL 12 DE DICIEMBRE EN ORDIZIA.

LOS PREVIOS:

MARÍA Y YO CON LAS ROSAS DE ELI, QUE NO PUDO ESTAR EN ESTA OCASIÓN.

UDANE TEMPLANDO LOS NERVIOS.

LA SALA SE IBA LLENANDO.

UDANE, DULCE, INTERPRETANDO SU MÚSICA.

PREPARANDO EL MOMENTO.

MARÍA EN PLENA ORATORIA.

MI MOMENTO. CONCENTRADA Y EMOCIONADA Y DISFRUTANDO.

......SIGO DISFRUTANDO.....



EN LA FIESTA POSTERIOR:



GRANDES AMIGAS, GRANDES PERSONAS.

FAMILIA.

MÁS FAMILIA Y YO CON UNA ELEGANTE CAÍDA DE PÁRPADOS, JAJAJA.

MI LOVE.

UNA DE NUESTRAS MÁXIMAS: DIVERTIRNOS.

LA TERCERA NOVELA Y SOMOS TRES, ELI TAMBIÉN.

UNA PELIRROJA, UNA MORENA Y UNA RUBIA MUY PELIGROSAS, JAJAJA.
UN ESCRITOR SIN LECTORES NO ES NADIE. AHORA ESPERO QUE ME LEÁIS Y DISFRUTÉIS DE UNA LECTURA REFRESCANTE Y DIVERTIDA. PODÉIS OBTENER EL LIBRO SI CONTACTÁIS AL E-MAIL SIGUIENTE:fricon1@hotmail.com. EL PVP ES DE 15 EUROS. 

MUCHAS GRACIAS.

viernes, 13 de diciembre de 2013

NO SÉ SI SÉ

                       
                             NO SÉ SI SÉ



No sé si sé cantar
pero si caso una melodía con su letra, canto.

No sé si sé bailar
pero si la música me invita, bailo.

No sé si sé amar
pero me invade el deseo de hacerlo y amo.

No sé si sé llorar
pero cuando tiemblo por dentro, lloro.

No sé si sé caminar por la dirección precisa
pero, paso a paso, camino.

No sé si sé escribir
pero cuando me ilumina la inspiración escribo.

Y divagando
entre “ no sé y  si sé” ,
paseando entre  las dudas
vivo y existo.

                                                           © Fátima Ricón Silva.

martes, 10 de diciembre de 2013

TIC-TAC-TIC-TAC

Tic-tac-tic-tac....., las horas se deslizan sedosas entre los lienzos blancos del día a día, escribiéndolos de vida y pasión, llenándolos  de rutinas y sorpresas. Las hojas del calendario avientan el paso del tiempo, impregnando el espacio de vivencias, que revolotean por mi ser. El día 12 se aproxima, suave, anhelado, entusiasta. HILOS DE MARIONETA se revuelve en su caja de cartón, animándose los unos a los otros. Con ansia de salir de esos cubículos inertes para ser leídos, disfrutados, reídos, emocionados, manoseados; necesitan respirar en tus manos, bajo la tutela de unos ojos ávidos y un cerebro presto para dejar volar la imaginación e inventar una fisonomía para CAMILA, la protagonista....... .
Tic-tac-tic-tac.....