miércoles, 5 de diciembre de 2018

UN MUNDO DE ARCO IRIS por Fátima Ricón Silva




UN MUNDO DE ARCO IRIS 

Te llega la hora de no mirar atrás,
de seguir con tus metas aunque tengas que variar la dirección.
No ahogues tu ilusión al avanzar,
que la lucha gris, de ayer, se está salpicando de colores hoy
y pronto tendrás enfrente un mundo de arco iris.
©Fátima Ricón Silva

jueves, 1 de noviembre de 2018

VIENDO BONITO LO FEO por Fátima Ricón Silva


jueves, 27 de septiembre de 2018

LA DULCE PÉCORA por Fátima Ricón Silva


domingo, 15 de julio de 2018

LA NOCHE DE LA ARAÑA por Fátima Ricón Silva



              
         LA NOCHE DE LA ARAÑA

Éramos amigos, amigos de miradas.
Miradas que cada cual interpretaba.
En la piscina el césped verde brillaba aquella tarde de un modo especial.
Me saludaste y te correspondí.
A tu lado había sitio libre y al amparo de nuestra amistad de miradas me tumbé.
Hacía tanto calor, un calor húmedo, contagioso y pegajoso.
Tu cuerpo transpiraba hasta parecer embadurnado en aceite.
Mi cuerpo no tardó en asemejarse al tuyo. 
La piel brillante.
Nos miramos a los ojos.
Mirarnos a los ojos era peligroso, lo sabíamos ambos.
Aquellas miradas iniciaron su historia.
Me provocaban abrazarte, resbalar entre tus brazos,
pasear mi respiración ansiosa por tu nuca,
compartir jadeos de pasión,
cerca, muy cerca,
pero sin llegar a tocarnos.
Endurecida pasión.
Enhiestas miradas.
Cálidas caricias.
Y sólo con mirarnos nacían historias de deseo como arañas en la noche que tejen su tela para atraparnos.

©Fátima Ricón Silva





miércoles, 13 de junio de 2018

LA SIESTA por Fátima Ricón Silva


LA SIESTA

No tenía ninguna pretensión de dormir una siesta, pero desde que tengo uso de razón todas mis siestas han sido sin intención.
Comer y sentarme en mi mullido sillón para ver la televisión antes de volver al trabajo, ese ha sido siempre el pretexto.
Día tras día y año tras año.
Pero el suceso real era la siesta, breve, liviana y profunda al mismo tiempo, serena algunas tardes, indiscreta otras, sana casi siempre y eventualmente penosa e inquieta.
Escuchaba en la lejanía el rumor del televisor, como la música de una canción de cuna, y me dejaba llevar por la desidia de la placidez del reposo.

Debió de pasar un pequeño lapso de tiempo, el habitual..., el oportuno para recomenzar y reemprender el resto de mi jornada laboral.
El desvelo venia poco a poco, desperezando mi cuerpo con la cadencia de una armonía pausada.
Una corriente de brisa fresca abrazó mi nuca con aire insolente.
Un aroma a ceniza de incienso se apoderó de mi hocico aturdido.
Imaginé que estaba soñando y entreabrí los ojos, rasgados como dos filos de navaja, y entre sopores y somnolencias, atisbé que las cortinas se sacudían como si alguien las estubiese apartando para observar el exterior.
Una convulsión de miedo me removió el estómago como si una multitud de cucarachas camparan por el a sus anchas.
Las cortinas continuaban abiertas, de tal modo que una mano invisible ayudaba a mantenerlas así.
Intenté abrir los ojos y la mente para descubrir el motivo de aquel fenómeno recurrente. Sin embargo no pude y por ello le vi.
Le vi con claridad, triste y melancólico, buscando allá afuera un lugar al cual ir.
Yo también miré a través de la ventana, aun cuando tenia los ojos entornados por el terror.
Sin embargo, solamente le veía a él, dentro y fuera de la casa. Esa cara de desesperación que dibujamos todos cuando estamos perdidos y no sabemos a donde dirigirnos porque desconocemos quien nos espera, o tan siquiera si hay alguien que nos necesite.
Cerré los ojos muy fuerte. Tan fuerte que me dolió.

¨ti,ti,ti,ti,ti,ti,ti,ti,tititititititititititi¨. El sonsonete de la alarma del móvil.

De un respingo me incorporé, aun olía a incienso quemado, y la cortina bailaba una danza tenebrosa buscando el silencio y la compostura habitual.
Me estremecí de nuevo.
Mañana volvería, otra vez, a la misma hora, buscando tras los cristales aquél lugar escondido que sería su descanso y el mío. 



©Fátima Ricón Silva

domingo, 3 de junio de 2018

ESTE LADO DE MI VIDA por Fátima Ricón Silva


DE QUERERES por Fátima Ricón Silva