miércoles, 12 de noviembre de 2014

ENCADENADO por Fátima Ricón Silva



Amaste mis defectos,
viviste mis mentiras,
adoraste mi mirada,
me lamiste las heridas.

Fui un rastro inerte invisible
que no pudiste seguir
porque mi innoble estrella
te abocó a morir.

Te diluiste en mi teatro
de marionetas variadas,
te perdiste entre bambalinas
de interpretaciones baratas.

Engañado, humillado, 
arrastrado y vilipendiado
por mis besos acres
por mis abrazos amargos.

Encadenado.
Fatal atracción
.
Hasta que un día de enero
empezaste a querer
una verdad de ojos negros
que te hizo renacer.

Cortaste los eslabones
de mi malquerer
y me quedé sola,
como siempre debió ser.

                                                                 © Fátima Ricón Silva.




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